Las dobles morales y la ética en la informática.

David Bonilla  publica una newsletter semanal que yo personalmente espero con ansia cada domingo. Gracias, David, por todo ese trabajo.

La última, «La curiosa moral del informático español«, me ha provocado una extraña esquizofrenia: Estaba a favor y en contra de su planteamiento.  Este artículo es mi terapia.

Le doy la razón a David, piratear es reprobable y condenable, sin paliativos ni excusas.

Pero

Como ciudadano abogo por una sociedad solidaria y cooperativa (no competitiva). Y para ello es fundamental que el conocimiento sea de libre acceso. Ningún conocimiento nuevo surge de la nada. Se nutre y sustenta del acumulado por una civilización a lo largo de los siglos.

Cuando los libros eran difíciles  de duplicar y caros, se idearon las bibliotecas para que todo el mundo tuviera  la oportunidad de acceder a ellos.  Hoy en día con los formatos digitales, compartir el conocimiento es sencillo, rápido y barato.  Pero se ponen trabas legales. No para proteger a los autores, que tienen el derecho a vivir de su trabajo; sino para proteger a las antiguas plataformas de distribución cuyo modelo de negocio de explotar a los creadores ha quedado desfasado.

Como profesional de la programación, la mayoría de software que compro, no puedo modificarlo o compartirlo, porque no compro el software en si, sino una licencia para usarlo. Ni siquiera puedo saber como funciona exactamente. El software permite que guarde mis documentos, que pueda enviar correos a mis amigos, …. incluso que funcione mi coche. En nuestros días el software condiciona totalmente nuestra vida y privacidad; pero no nos pertenece.

Incluso sólo puedo progresar en mi propia profesión estudiando el código de otros colegas.

David, yo no conozco personalmente a ningún profesional que se niegue a usar trabajar  con ordenadores que no contengan exclusivamente  software libre.

Y dicho esto, comparto totalmente tu última afirmación aunque el significado sea un poco diferente:

Puede que en temas morales los informáticos vivamos más en el siglo XV que en el XXI. Que nos preocupen más las formas que el fondo. El problema es que, si nosotros mismos no ponemos en valor lo que construimos, ¿cómo podemos esperar que lo hagan otros?

Como creadores tenemos el derecho a vivir de nuestro trabajo. Como ciudadanos tenemos el derecho que el conocimiento sea libre. Debemos exigir a los gobernantes leyes justas que permitan ambos derechos.